EL JUEGO DESPUÉS DE LOS 3 AÑOS

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Poco a poco, a medida que crecen, los niños juegan menos tiempo solos y se vuelven más sociables. Alrededor de los cuatro años son capaz de compartir sus juegos con otros niños de su edad. Pasa al juego cooperativo con conversación, ya que su lenguaje es más avanzado, lo que le permite asignar roles a una actividad en común.

Después de los tres años, los niños son capaces de recibir instrucciones e imitar movimientos, por lo que pueden jugar en grupo. Son más conscientes de su “yo”, lo que los incentiva a jugar “mostrándose”, para ser alabados por los demás.

A esta edad, un niño es capaz de comprender sencillos cuentos y dibujar objetos y figuras humanas algo más reconocibles que los simples trazos que hacía cuando tenía uno o dos años.

Ahora, el niño imita su entorno, reproduce los gestos y las entonaciones de sus padres y hermanos. También juega imitando escenas de su vida social, como ser médico, cocinero o llamar por teléfono.

Entre los tres y los cuatro, se perfecciona el movimiento de las manos, siendo ahora mucho más preciso. Poco a poco los dedos adquieren más agilidad y autonomía. Los materiales moldeables, como el barro o la plasticina, son ideales para llevar a cabo distintas manualidades. Y los rompecabezas ayudan a potenciar sus aspectos cognitivos.

Hacia los cinco años es común que el niño cree un amigo imaginario, especialmente si es hijo único o no tiene mucho contacto con otros menores.

También entre los 4 y 5 años, el comportamiento del niño se adapta a su propio sexo, por lo que el juego de los niños es más brusco que el de las niñas y los juegos de representación son más contundentes. Los padres son su referente y aparecen en ellos algunas inquietudes respecto al ámbito sexual. También se manifiestan en el juego las dificultades en el aprendizaje, lenguaje y temperamento, si es que las hay.

REVISTA PADRES OK, ENERO 2011


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